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Frases de Inodoro Pereyra

Murió el “Negro” Fontanarrosa Jueves, 19 de julio de 2007

Evolucion de Inodoro Pereira
Evolucion de Inodoro Pereira

– “Endijpué de tantos años, si tengo que elegir otra vez, la elijo a la Eulogia con los ojos cerrados. Porque si los abro elijo a otra”.

– Dígame don Inodoro ¿usté está con la Eulogia por alguna promesa?
– Mendieta, uno se deslumbra con la mujer linda, se asombra con la inteligente… y se queda con la que le da pelota.

– Vago no soy, quizá algo tímido para el esjuerzo.

Progreso
Progreso

– Estoy comprometido con mi tierra, casado con sus problemas y divorciado de sus riquezas.

– ¿Y usted cómo se gana la vida?
– ¿Ganar? ¡De casualidá estoy sacando un empate!

– ¿No andará mal de la vista, don Inodoro?
– Puede ser. Hace como tres meses que no veo un peso.

– ¿Por qué esta agresión gratuita?
– ¡Si quiere se la cobro!

– El pingüino es monógamo.
– ¿Y por qué cree que le dicen Pájaro Bobo?

– Con la verdá no ofendo ni temo. Con la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta.

– La historia lo juzgará. Pero tiene el mejor de los abogados: el olvido.

– Eso de “hasta que la muerte los separe” es una incitación al asesinato.

– Acepto que la Eulogia es fulera, pero es de las que demuestran la beyeza por el absurdo.

– Usté no está gorda, Eulogia. Es un bastión contra la anorexia apátrida.

– ¿Puede una persona disaparecer de a pedazos? Porque a la Eulogia le desapareció la cintura.

– Pereyra, míreme a la cara.
-¿Por qué este castigo, Eulogia? ¿Por qué tanta crueldá?

– La Eulogia es, lejos, la mejor prienda que conocí en mi vida. Bien lejos… 20, 30 kilómetros. De cerca es así, jodida…

– La Eulogia es una santa. No como mi cuñada que sufre el Síndrome de la Abeja Reina. Se cree una reina y es un bicho.

– A veces la picardía crioya es sólo desesperación, Mendieta.

No Piedras
No Piedras

– Ahura hay fertilización asistida. Vea el caso de la señora del viejo Aredes. Quedó embarazada. En el pueblo se comenta que al viejo lo ayudaron.

– ¡Mire esta vaca, Serafín! Musa inspiradora de miles de composiciones escolares… ¡Y ahora es acusada de traficante de colesterol por el naturismo apátrida! Nos da su leche, su carne, su cuero. ¡Lo quiero ver a usté haciéndose una campera de zapayitos!

– La muerte nivela a güenos y malos, don Inodoro. Lo malo es que nivela pa’ bajo.

– No tenemos que copiar las cosas malas de ajuera, Lloriqueo. ¡Nosotros tenemos que crear nuestras propias cosas malas!

– Estuvo divertido el pesebre viviente este año, Mendieta.
– Bien la vaca. Algo sobreactuado el burro.

– Soy crítico meteorológico, señor. La tormenta de anoche. “Floja iluminación de los relámpagos, yuvia repetida, escenografía pobre y pésimo sonido de los truenos en otro fiasco de esta puesta en escena de Tata Dios. Una típica propuesta de verano, liviana, pasatista, para un público poco exigente”.

– ¡No me diga que va a barrer, Pereyra! ¡La última tarea doméstica que hizo jué doblar una serviyeta!

– Yo no quiero ser irrespetuoso, Eulogia, pero lo que ha hecho Tata Dios con usté es abuso de autoridá.

Privacidad
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Violencia y Estado

La violencia forma parte del ser humano, y éste la expresa de diversas formas, desde un buenos días con desgano hasta el serial killer que ya se anotó la enésima víctima, pasando por expresiones mas civilizadas como la pintura, la música y la forma de bailarla.

Leí un día un articulo en donde el autor salía en defensa de la violencia en la televisión.Él planteaba que no es racional eliminarla de la pantalla cuando vivimos en un mundo naturalmente violento. La violencia forma parte del ser humano, y éste la expresa de diversas formas, desde un buenos días con desgano hasta el serial killer que ya se anotó la enésima víctima, pasando por expresiones mas civilizadas como la pintura, la música y la forma de bailarla. Viéndolo así, la violencia pertenece al inconsciente colectivo, la vorágine del cotidiano no tiene nada de extraordinario y la insensatez del odio marca la época en que vivimos.

Durante los años en que el Perú sofrió el terrorismo, toda esa violencia fuefiltrándose en nuestra vida. Nos acostumbramos a escondernos. Encontramos la excusa en el miedo, en la culpa del “otro”. Yo no sufrí los años de mayor violencia de Sendero, pues vivía en Argentina. Vi de cerca otras violencias, como la destrucción de la embajada de Israel en Buenos Aires: estuve entre los escombros de un magnifico edificio. Vi de cerca manifestaciones que se tornaron violentas y que pudieron costarme caro. Y vi como de un lado y del otro, la violencia es aprovechada en beneficios de unos pocos. Y sigo sin entender.

Sigo sin entender cómo la violencia puede transformarse en razón de estado. ¿Quién puede creer hoy en día que el terrorismo ha sido derrotado en el Perú? Ha habido una victoria militar, pero las razones que estuvieron al origen de la aventura maoísta en el Perú siguen latentes. El pueblo peruano empieza tal ves a darse cuenta de como ha sido manipulado con la excusa de la violencia: la guerra interna, la externa contra Ecuador -¡qué estupidez!- al delincuencia, Laura Bozo en la tele (me jacto de jamás haber visto uno de sus programas, y quiero guardar esa castidad.) como expresión de la cultura peruana. No imaginan la vergüenza que siento cada vez que alguien me hace el comentario de su último show…

Civilizémosnos pues. Más de una década de guerra interna, diez años de fujimorismo, ¿Cuánto tiempo ya de proyecto de nación peruana llevado al fracaso?… Difícil llegar más abajo en este pozo ciego. No pensemos en el futuro del país. Pensemos en el presente. En el cotidiano que vivimos y que no queremos. -Y cambiemos para que cambie.

Breve revisión histórica de los avatares de la obra del fotografo peruano Martín Chambi (1891-1973)

El presente artículo fue publicado originalmente en el número 29 de la revista Hueso Húmero de Lima en mayo de 1993. En esta ocasión apareció solamente una versión recortada de la recopilación bibliográfica anexa y con muchas erratas. En mayo de 1994 este artículo fue publicado nuevamente en Caracas como separata del número 23 de la revista Encuadre. Esta vez se incluyeron íntegras las recopilaciones bibliográfica y de exposiciones, además de 10 fotografías de Chambi.

Comentario introductorio

Este artículo es bastante parco en cuanto a información biográfica sobre Chambi, y de hecho no se propone considerar su obra en sí. Solamente en el comentario final se puede decir que se ha esbozado muy básicamente un planteamiento crítico indispensable para entender la obra de Chambi. Tampoco se ha hecho una reseña puntual del material revisado, más bien se ha seleccionado puntos representativos de tendencias generales dentro de éste para ser comentados más ampliamente. En el caso del material más antiguo se ha preferido citar largamente, pensando en que sería de interés dar a conocer al menos algunos extractos selectos de estos textos que permanecen casi ignorados hoy en día. En cuanto a la longitud de los comentarios, sin embargo, se ha dado preeminencia al material que se refiere a eventos más nuevos, por ser éstos en toda probabilidad de mayor influencia en el estado actual de la investigación y de la difusión de la obra de Chambi.

Mayor espacio se dedica a las dos monografías publicadas últimamente, las cuales sí son propiamente reseñadas, no sólo porque son los trabajos que abordan de manera más completa la obra de Chambi, sino porque también en este momento son accequibles con relativa facilidad, ya sea en el Perú o en Europa según el caso, y parece que están llamadas a ser el medio más común por el cual se determinará la manera en que se percibirá y recibirá la obra de Chambi en los próximos años. Consultando cualquiera de éllas el lector podra obtener datos biográficos bastante confiables y también, sobre todo en el caso del libro de Huayhuaca, un acercamiento lo suficientemente serio a la obra de Chambi en sí.

Historia más lejana

A lo largo de su vida Chambi participa al menos en diez exposiciones de cierta magnitud y varias otras menores. Destacan las dos exposiciones en Lima, y las más substanciales que realiza cuando viaja a Chile, en Santiago y Viña del Mar. De tres de éllas se conservan pequeños catálogos con algunas reproducciones muy sencillas, listas de fotos exhibidas, y algún comentario ditirámbico. Aún queda por determinarse qué fotos exactamente eran las que Chambi solía presentar en vida, pero se puede afirmar de cualquier forma que en su mayoría tendían a satisfacer las demandas del mercado que sostuvo su carrera comercial, el cual debatía sus gustos entre un pintoresquismo fácil y el indigenismo más burdo.

Chambi colabora regularmente con varias publicaciones periódicas ilustradas de la época, lo que hace pensar que su trabajo era solicitado con frecuencia y bien recibido. Existe una compilación inédita hecha por Herman Schwartz de todas sus colaboraciones en Variedades entre 1920 y 1925, pero aparte de esto sólo se conoce publicaciones aisladas en Mundial, La Crónica, La Prensa, y La Nación, entre otras. Sus fotografías ilustran también algunos libros sobre el patrimonio arqueológico o la arquitectura colonial urbana del Cuzco, pero también hay algunos con textos de connotados indigenistas acompañados de fotografías de Chambi.

La prensa documenta asíduamente las exposiciones de Chambi dejando valiosos informes sobre la recepción de su obra entonces y el contexto histórico. Más aún, en el Cuzco se reporta a Chambi hasta en notas sociales que ahora adquieren un tremendo valor testimonial. Por ejemplo: ‘casi todos los trotamundos que han llegado al Cusco siempre han ido a parar a la casa de Martín Chambi que debe ser probablemente jabonero, porq’ allí “quien no cae resbala”. Intelectuales, pintores, poetas, periodistas, y todos los que tienen la vida consagrada al arte siempre han caído en casa de Martín Chambi (…). Animación, alegría, risas, zapateos; poemas, cantos, etc. I (sic), finalmente, abrazos fuertes, despedidas. Amanecer’ (El Tiempo, 1936).

Los textos de esta época que tratan directamente la obra de Chambi son en su mayoría abiertamente elogiosos, redundantes y con tendencia a la superficialidad, si es que, de otro lado, no están sobrecargados de retórica indigenista. Por ejemplo: ‘es pues un fotógrafo clásico, un captante de bellezas al natural, un Champolion (sic) de la historia. Su arte tiene la doble sugestión de lo verdadero, de lo real, por eso mismo encanta al que contempla’ (Suárez, 1927). ‘Y la tierra, al ser descubierta, da abrigo, y le transmite su mensaje, haciéndolo captar los más bellos motivos de esta tierra, antiguo Imperio de los Incas’ (Milla, 1948). Un artículo que no escapa de la norma llama no obstante la atención por una admonición inicial que sorprende por haber conservado su impactante actualidad: ‘La fotografía artística no tiene posibilidades de desenvolvimiento en nuestro medio misérrimo para manifestaciones espirituales’ (El Sol, 1935).

Hay otros textos que proponen, aunque todavía ingenuamente y balanceándose entre la insustancialidad del panegírico y el adocenamiento del indigenismo, propuestas más complejas que serían retomadas mucho más tarde: ‘(Chambi) se sitúa frente a la realidad para captarla y transparentarla en toda su magnitud y crudeza, en sus amarguras y contradicciones. Todos sus trabajos se impregnan siempre de un regionalismo acentuado, en que al artista le interesa destacar lo típico y pintoresco del tema. Sin embargo se observa cierto deseo de polemizar desde un punto de vista ideológicamente definido en que la lealtad a su raza y su clase ha de solidificarse cada vez más’ (Lira Espejo, 1936).

El poeta boliviano Oscar Cerruto (ca. 1936) compara a Chambi con Tina Modotti, trae a colación al surrealismo, el cubismo y Benedetto Croce, —en realidad una inusitada colección de alusiones a la intelectualidad europea dentro de los patrones de los textos de la época,— para esgrimir una defensa de la fotografía como arte y luego lanzar un elogio a Chambi con obvias convicciones pintoresquistas, pero reprochándole luego simplicidad en la realización y falta de atrevimiento a mayores complicaciones.

Uriel García (1948) en un artículo que vale la pena citar extensamente, pasa de la apología a la crítica social: ‘Las fotografías de Chambi están impregnadas de vida. Son como apuntes del drama cotidiano y documentos que esclarecen mejor la historia desfigurada o “deshumanizada” por historiadores idealistas de biblioteca. (… Chambi) va preparando el camino para el gran arte realista y social de los futuros intérpretes y guías del pueblo (…) Con emoción vernácula sabe recoger los legados de las culturas primitivas, fragmentos de la vigorosa arquitectura incaica, muchos de éllos descubiertos por su lente de estudioso intuitivo. (…). Acaso en ciertos aspectos cae Chambi en el romanticismo de turistas y de fotógrafos extranjeros para quienes la visión del Perú es de mero episodio pintoresco (…). Y sin duda igualmente le falta aún aventurarse más en las complejidades de la vida del pueblo para no sólo descubrirlas sino también denunciarlas con verdad y energía’.

No falta una curiosa crítica negativa del poeta arequipeño Renato Morales de Rivera (1929): ‘Un señor Champi (sic), del Cuzco, profesional según dicen, exhibe una larga serie de vistas que, tratándose de un profesional, no dicen poco ni mucho; salvo algunos aciertos debidos más a la bondad de los lugares escogidos que al arte del operador’. El material de la exposición a que se refiere Morales de Rivera no ha sido identificado aún, pero