Hola! This is Pako

Pako Dominguez is an experienced photographer who takes enormous pleasure in being part of your special day. He will document your exceptional moments with candid, lively, artfully-crafted photographs. Pako has photographed weddings and events internationally and offers excellent, personalized services in English, Spanish or French.


And yes, that’s me when I was 22 years old… ūüėČ

ZA 85f1.4 vs SAM 85f2.8

Dur¬≠ing the sum¬≠mer of 2005, I had the chance to find a beau¬≠ti¬≠ful sam¬≠ple of the Minolta 85mm f1.4 G non D ‚Äďand I was really lucky because by that time Konika-Minolta future was a big mys¬≠tery, the D ver¬≠sion of this lens was unavail¬≠able, as well as other gems from the late Minolta era. I paid about 600$ for it and put it on a shelf, using it exclu¬≠sively for por¬≠traits at my home studio.

The fol¬≠low¬≠ing year, Konika-Minolta sold all their assets in the photography(cameras) busi¬≠ness to Sony, who didn‚Äôt re-brand the 85mm but intro¬≠duced a Carl Zeiss ver¬≠sion instead. Price tagged in the 1400$. I felt good, because the deal I had and because I rented from the Ado¬≠rama Rentals Depart¬≠ment (it came in the ‚Äúkit‚ÄĚ along the A900; 24-70f2.8; 70-200f2.8 (and the HVL58 flash) and did a quick test between both lenses. My con¬≠clu¬≠sion was that the Minolta was a lit¬≠tle bit warmer and the Zeiss slightly sharper wide open, and had neu¬≠tral color cast.

I didn‚Äôt use the 85mm that much, the lens is a lit¬≠tle too big, heavy and I always fear to dam¬≠age it (event pho¬≠tog¬≠ra¬≠phy is not good for equip¬≠ment cos¬≠met¬≠ics‚Ķ) so I decide to sell it after Christ¬≠mas 2009. I got 900$ for it (I can only tell good things about this lens!) Any¬≠way, since I got the A850 I use the Minolta 100 f2.8 Soft Focus as my main ‚ÄúPortrait Lens‚ÄĚ

Last sum¬≠mer (2010) Sony intro¬≠duced a ‚ÄúEasy Choice‚ÄĚ SAM 85mm f2.8 for only 250$ and, for that price, I choose to give it a try. I bought the first sam¬≠ple arriv¬≠ing to the Ado¬≠rama store and, after I over¬≠came the first impres¬≠sion about the plas¬≠tic mount, I start car¬≠ry¬≠ing it with me to my event jobs. So far, this lit¬≠tle lens gave me an advan¬≠tage, it doesn‚Äôt intim¬≠i¬≠date peo¬≠ple, the way a big¬≠ger lens does. And it is a great com¬≠pan¬≠ion to the ZA 24‚Äď70 f2.8 ‚ÄĒ you can hardly find a dif¬≠fer¬≠ence in image qual¬≠ity between this 2 lenses.

For a last test, I went to the Ado­rama Rental Depart­ment and bor­row the ZA 85f1.4 for a 15 min­utes non sci­en­tific com­par­i­son. It is unnec­es­sary to say the Zeiss is big­ger, heav­ier and over­all con­struc­tion qual­ity is nicer and sturdier.

But, how about the optics? Falloff on the SAM is notice­able at f2.8, while the Zeiss at f2.8 doesn’t show any issue. The SAM focus closer, and that was a sur­prise, but the Zeiss is cor­rected for Macro and you can notice that also. Another notice­able sur­prise was the fact that the SAM focus faster and it is less noisy than the ZA

You can see and down­load the sam­ples (JPG and ARW) here:

Con­fi­dence in the glasses, not in the eye РConfianza en el anteojo, no en el ojo

Con­fi­dence in the glasses, not in the eye;
in the stair­case, never in the step;
in the wing, not in the bird
and in your­self alone, in your­self alone, in your­self alone.

Con­fi­dence in the wicked­ness, not in the wicked;
in the glass, but never in the liquor;
in the corpse, not in the man
and in your­self alone, in your­self alone, in your­self alone.

Con­fi­dence in many, but no longer in one;
in the riverbed, never in the cur­rent;
in pants, not in legs
and in your­self alone, in your­self alone, in your­self alone.

Con­fi­dence in the win­dow, not in the door;
in the mother, but not in the nine months;
in des­tiny, not in the gold die
and in your­self alone, in your­self alone, in your­self alone.

César Vallejo

Con­fi­anza en el anteojo, no en el ojo;
en la escalera, nunca en el pel¬≠da√Īo;
en el ala, no en el ave
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Con­fi­anza en la mal­dad, no en el mal­vado;
en el vaso, mas nunca en el licor;
en el cadaver, no en el hom­bre
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Con­fi­anza en muchos, pero ya no en uno;
en el cauce, jamás en la cor­ri­ente;
en los cal­zones, no en las pier­nas
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Con­fi­anza en la ven­tana, no en la puerta;
en la madre, mas no en los nueve meses;
en el des­tino, no en el dado de oro
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

César Vallejo

Recuerdos Surcanos

Plaza_de_SurcoMi bar¬≠rio siem¬≠pre ha sido antiguo. El valle de Surco ya estaba poblado cuando a Pizarro se el ocur¬≠ri√≥ que el mejor sitio par a fun¬≠dar su cap¬≠i¬≠tal era a las oril¬≠las del r√≠o Rimac. Y debe haber tenido cierta predilec¬≠ci√≥n por el lugar, pues al pueblo le pusieron por nom¬≠bre San¬≠ti¬≠ago de Surco. Y con ello pro¬≠ce¬≠siones del aquel tipo cabal¬≠gando sobre un caballo blanco mar¬≠caron mis vaca¬≠ciones de invierno. Yo no s√© si ser√° cierto que llego hasta el Fin¬≠is¬≠terre en Gali¬≠cia anun¬≠ciando la doc¬≠t¬≠rina de un tal Jes√ļs y Cristo. Lo que le s√© recono¬≠cer es que gra¬≠cias a √©l, mi bar¬≠rio no sufri√≥ la misma suerte que Chor¬≠ril¬≠los y Bar¬≠ranco cuando el inva¬≠sor chileno iba rumbo a Lima.

Lo cierto es que mi bar­rio siem­pre ha sido lla­mado pueblo, y hasta el día de hoy sigue fun­cio­nando como tal. Con his­to­rias de pueblo que conoce todo el pueblo. Desde los que se creían ricos en el pasaje al lado de casa hasta a los que les decían pobres de al lado del cemente­rio. Hoy son todos igual que antes, pero más iguales.

Yo pasaba parte de mis tardes en el pasaje con los chicos de mi edad. Pero tam¬≠bi√©n iba al fondo de la casa de Nina a ver como un Zambo enorme mol√≠a ma√≠z para hacer tamales. Los mejores tamales que jam√°s he comido. All√≠ iba con Genaro. El t√≠o Genaro, que por arte de esas difer¬≠en¬≠cias de edades entre t√≠os y abue¬≠los, ten√≠a 6 meses menos que yo. Sino me escapaba con Pepe a pasear por el r√≠o Surco, atrav¬≠es¬≠ando las calles de tierra de Par¬≠que Alto, y nos col√°bamos a ver pas¬≠tar las pocas vacas en las tier¬≠ras de los Ugarelli. √Čpocas aque¬≠l¬≠las en que el pueblo de Surco resist√≠a todav√≠a a la urban¬≠izaci√≥n galopante.

Con Genaro siem¬≠pre nos vimos poco, a pesar de que viv√≠amos a solo 100 met¬≠ros de dis¬≠tan¬≠cia. El t√≠o Marcelo, padre de Genaro, era primo de mi abuelo. Cuando mi abuelo comenz√≥ con la con¬≠struc¬≠ci√≥n del edi¬≠fi¬≠cio en el que ter¬≠min√≥ viviendo toda la familia, le encarg√≥ al t√≠o¬†Marcelo el cuidado de las obras del primer piso, Y vivi√≥ en ese primer aparta¬≠mento durante var¬≠ios a√Īos. Eso debe haber sido antes que se casara con la t√≠a Margarita.

Pero su his¬≠to¬≠ria me comienza el d√≠a en que muri√≥. Alguien llego a casa cor¬≠riendo y, jade¬≠ando, dijo que el t√≠o Marcelo hab√≠a muerto en un acci¬≠dente. Sali√≥ de su casa con la moto y lle¬≠gando a la esquina der¬≠rap√≥. Un ‚ÄúVenegas-Parada‚ÄĚ que pasaba no lo vio ni a √©l, ni a la viuda y cua¬≠tro hijos que dej√≥ en el camino. Si bien no eran √©pocas de muchas vis¬≠i¬≠tas en casa (la sep¬≠a¬≠raci√≥n de mis padres sumi√≥ a mi madre en un ostracismo del que nunca ha salido) la t√≠a Margarita era amiga, y el mal momento las uni√≥ un poco m√°s. Es a par¬≠tir de ah√≠ que recuerdo haber fre¬≠cuen¬≠tado a Genaro: Car¬≠navales, luego comen¬≠zar el preesco¬≠lar, aunque √©l estaba en otra sala pues yo era mayor.

Pasamos buena parte de nues¬≠tras horas de juego a dis¬≠cu¬≠tir sobre el respeto que le deb√≠a el uno al otro. √Čl ale¬≠gaba su t√≠tulo de t√≠o y yo quer√≠a hacer valer la difer¬≠en¬≠cia de edad que jugaba en mi favor. Si bien esto nunca inter¬≠firi√≥ en nues¬≠tra amis¬≠tad, nunca logramos pon¬≠er¬≠nos de acuerdo. Genaro ten√≠a algo de espe¬≠cial, una especie de traviesa sen¬≠su¬≠al¬≠i¬≠dad con la que sab√≠a meterse a todo el mundo en el bol¬≠sillo. Sus ojos los recuerdo lumi¬≠nosos, tal ves verdes, y con largas pes¬≠ta√Īas. Su cabello era cas¬≠ta√Īo claro. Y flaco, por lo menos con relaci√≥n a mi. Tengo que recono¬≠cer que con sus 6 a√Īos era todo un seduc¬≠tor y, a veces, un poco c√≠nico.

Ser√≠a el a√Īo ‚Äô77 y esa navi¬≠dad, como siem¬≠pre, no esper√© hasta la media noche para recibir los rega¬≠los. No porque no crey¬≠era en Pap√° Noel, sino porque jam√°s hasta entonces hab√≠a resis¬≠tido despierto mas all√° de las 9 de la noche. La ma√Īana del 25 debo haber abierto con desgano los rega¬≠los que me tocaron (a mi jam√°s me ha entu¬≠si¬≠as¬≠mado la navi¬≠dad, es por culpa de ella que hasta el d√≠a de hoy no logro fes¬≠te¬≠jar cor¬≠rec¬≠ta¬≠mente mi cumplea√Īos tres d√≠as m√°s tarde‚Ķ) y de los que no me acuerdo porque fue para mi cumplea√Īos que la t√≠a Lucrecia me trajo ‚Äúel‚ÄĚ regalo: un carro, un Camaro vio¬≠leta, lleno de cal¬≠co¬≠man√≠as como los car¬≠ros de car¬≠reras. Y con un impre¬≠sio¬≠n¬≠ante motor plateado que sal√≠a fuera del cap√≥, y que me ha hecho cues¬≠tion¬≠arme hasta el d√≠a de hoy c√≥mo hac√≠a el con¬≠duc¬≠tor para ver por d√≥nde and¬≠aba. Ya hab√≠a visto el mismo auto como regalo para alguien m√°s el a√Īo ante¬≠rior, pero esa falta de orig¬≠i¬≠nal¬≠i¬≠dad me import√≥ poco: ahora el carro era TOTALMENTE para mi.

Jugu√© toda la ma√Īana sobre la alfom¬≠bra de la sala para no ensu¬≠cia¬≠rle las ruedas y a la tarde vino Genaro a bus¬≠carme para ir a jugar y fuimos a bus¬≠car al gordo Ricardo y a Josu√© a qui√©n su familia no se lo hab√≠a lle¬≠vado todav√≠a a Chile. Cam¬≠i¬≠namos pues hacia el esta¬≠dio para encon¬≠trarnos con ellos. Yo hab√≠a dejado mi Camaro sobre la cama de Genaro. Pero cuando volvi¬≠mos ya no estaba ah√≠. Busqu√© debajo de las camas, en el ropero, la cocina, la habitaci√≥n de la t√≠a Margarita‚Ķnadie lo hab√≠a visto y eso era bas¬≠tante dif√≠¬≠cil en una casa peque√Īa como en la que viv√≠an. Ya no recuerdo el argu¬≠mento que quisieron hac¬≠erme creer. La ver¬≠dad es que ese d√≠a se me rompi√≥ algo aden¬≠tro y las cosas nunca fueron iguales con mi t√≠o Genaro. Deje¬≠mos de ver¬≠nos tan seguido y sin raz√≥n aparente. Ni siquiera fui invi¬≠tado a su bau¬≠tizo, que por m√°s peque√Īo e √≠ntimo que fuera,¬†Teresa nos habr√≠a hecho un biz¬≠co¬≠cho delicioso.

Poco tiempo despu√©s de su bau¬≠tizo, alguien lleg√≥ a casa cor¬≠riendo y, jade¬≠ando, dijo que el t√≠o Genaro hab√≠a tenido un acci¬≠dente. Quer√≠a mostrar a un par de ami¬≠gos lo bien que sab√≠a hacer cabal¬≠lito con la bici, pero perdi√≥ el con¬≠trol del manubrio y con ello el equi¬≠lib¬≠rio de la bici¬≠cleta. El cami√≥n no lo vio ni a √©l ni a su madre y tres her¬≠manas que dej√≥ en el camino. Cuando llegu√© al velo¬≠rio, la t√≠a Mar¬≠garita estal¬≠laba nue¬≠va¬≠mente en l√°gri¬≠mas. Los comen¬≠tar¬≠ios de los pre¬≠sentes eran vari¬≠a¬≠dos. Por un lado la cr√≠tica a la t√≠a Mar¬≠garita, que no hab√≠a encon¬≠trado otra cosa para vestirse que un pan¬≠tal√≥n naranja y una chompa de col¬≠ores tam¬≠bi√©n bril¬≠lantes cuando deber√≠a estar de luto, como si el luto se lle¬≠vara solo en el vestido; por otro lado, el an√°li¬≠sis de la maldici√≥n gitana que pesaba sobre los varones de la familia que hab√≠an sido con¬≠de¬≠na¬≠dos a morir de forma tr√°g¬≠ica. As√≠, t√≠as vie¬≠jas sac¬≠aron a la luz la muerte de otros pri¬≠mos y t√≠os en los √ļlti¬≠mos a√Īos. Bru¬≠jer√≠a y celos de alguna amante despechada.

El t√≠o Genaro fue el primer muerto que vi. Llev¬≠aba puesta la camisa y los sig¬≠nos de su bautismo. Dejando de lado los tapones de algo¬≠d√≥n que lavaba en la nariz, nada hac√≠a pen¬≠sar que su sue√Īo fuese eterno. No recuerdo haber pen¬≠sado en nada espe¬≠cial en ese momento. Ni en nues¬≠tras cor¬≠rer√≠as, nue¬≠stros jue¬≠gos en el cole¬≠gio, ni nues¬≠tras acalo¬≠radas dis¬≠cu¬≠siones a prop√≥sito de nues¬≠tra difer¬≠en¬≠cia de edad. Ni siquiera en el Camaro. Solo me qued√© mirando sus ropas, su camisa tan blanca y la medal¬≠lita de oro que lavaba en el pecho.

Creo que nunca le per­doné lo del Camaro. Nunca tuve prueba real de que hubiera sido él. Mien­tras escribo esto busco alter­na­ti­vas. Sin embargo, todo el peso cae sobre él. Tal vez ahora recuerdo a Genaro  para per­don­arme el que jamás lo haya perdonado.

Idilio Muerto

Idilio Muerto

Qué estará haciendo esta hora mi and­ina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me esfixia Bizan­cio, y que dor­mita
la san­gre, como flojo cognac, den­tro de mi.

Dónde estará sus manos que en acti­tud con­trita
planch­a­ban en las tardes blan­curas por venir;
ahora, en esta llu­via que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a ca√Īas del¬†lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando alg√ļn celaje
y al fin dir√° tem¬≠b¬≠lando: ‚ÄúQu√© fr√≠o hay‚Ķ Jes√ļs‚ÄĚ.
Y llo­rará en las tejas un pájaro salvaje.

De codos yo en el muro,
cuando tri­unfa en el alma el tinte oscuro
y el viento reza en los ramales yer­tos
llan­tos de que­nas, tími­dos, incier­tos.
sus­piro una con­goja,
al ver que en la penum­bra gualda y roja
llora un trágico azul de idil­ios muertos!

If – by Rudyard Kipling

IF you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don’t deal in lies,
Or being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise:

If you can dream – and not make dreams your master;
If you can think – and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build ’em up with worn-out tools:

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: ‘Hold on!’

If you can talk with crowds and keep your virtue,
‘ Or walk with Kings – nor lose the common touch,
if neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And – which is more – you’ll be a Man, my son!

Frases de Inodoro Pereyra

Muri√≥ el “Negro” Fontanarrosa Jueves, 19 de julio de 2007

Evolucion de Inodoro Pereira
Evolucion de Inodoro Pereira

– “Endijpu√© de tantos a√Īos, si tengo que elegir otra vez, la elijo a la Eulogia con los ojos cerrados. Porque si los abro elijo a otra”.

– D√≠game don Inodoro ¬Ņust√© est√° con la Eulogia por alguna promesa?
– Mendieta, uno se deslumbra con la mujer linda, se asombra con la inteligente… y se queda con la que le da pelota.

РVago no soy, quizá algo tímido para el esjuerzo.

Progreso
Progreso

– Estoy comprometido con mi tierra, casado con sus problemas y divorciado de sus riquezas.

– ¬ŅY usted c√≥mo se gana la vida?
– ¬ŅGanar? ¬°De casualid√° estoy sacando un empate!

– ¬ŅNo andar√° mal de la vista, don Inodoro?
– Puede ser. Hace como tres meses que no veo un peso.

– ¬ŅPor qu√© esta agresi√≥n gratuita?
– ¬°Si quiere se la cobro!

– El ping√ľino es mon√≥gamo.
– ¬ŅY por qu√© cree que le dicen P√°jaro Bobo?

– Con la verd√° no ofendo ni temo. Con la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta.

– La historia lo juzgar√°. Pero tiene el mejor de los abogados: el olvido.

– Eso de “hasta que la muerte los separe” es una incitaci√≥n al asesinato.

– Acepto que la Eulogia es fulera, pero es de las que demuestran la beyeza por el absurdo.

РUsté no está gorda, Eulogia. Es un bastión contra la anorexia apátrida.

– ¬ŅPuede una persona disaparecer de a pedazos? Porque a la Eulogia le desapareci√≥ la cintura.

РPereyra, míreme a la cara.
-¬ŅPor qu√© este castigo, Eulogia? ¬ŅPor qu√© tanta crueld√°?

– La Eulogia es, lejos, la mejor prienda que conoc√≠ en mi vida. Bien lejos… 20, 30 kil√≥metros. De cerca es as√≠, jodida…

– La Eulogia es una santa. No como mi cu√Īada que sufre el S√≠ndrome de la Abeja Reina. Se cree una reina y es un bicho.

РA veces la picardía crioya es sólo desesperación, Mendieta.

No Piedras
No Piedras

– Ahura hay fertilizaci√≥n asistida. Vea el caso de la se√Īora del viejo Aredes. Qued√≥ embarazada. En el pueblo se comenta que al viejo lo ayudaron.

– ¬°Mire esta vaca, Seraf√≠n! Musa inspiradora de miles de composiciones escolares… ¬°Y ahora es acusada de traficante de colesterol por el naturismo ap√°trida! Nos da su leche, su carne, su cuero. ¬°Lo quiero ver a ust√© haci√©ndose una campera de zapayitos!

– La muerte nivela a g√ľenos y malos, don Inodoro. Lo malo es que nivela pa’ bajo.

– No tenemos que copiar las cosas malas de ajuera, Lloriqueo. ¬°Nosotros tenemos que crear nuestras propias cosas malas!

– Estuvo divertido el pesebre viviente este a√Īo, Mendieta.
– Bien la vaca. Algo sobreactuado el burro.

– Soy cr√≠tico meteorol√≥gico, se√Īor. La tormenta de anoche. “Floja iluminaci√≥n de los rel√°mpagos, yuvia repetida, escenograf√≠a pobre y p√©simo sonido de los truenos en otro fiasco de esta puesta en escena de Tata Dios. Una t√≠pica propuesta de verano, liviana, pasatista, para un p√ļblico poco exigente”.

– ¬°No me diga que va a barrer, Pereyra! ¬°La √ļltima tarea dom√©stica que hizo ju√© doblar una serviyeta!

РYo no quiero ser irrespetuoso, Eulogia, pero lo que ha hecho Tata Dios con usté es abuso de autoridá.

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