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Hola! This is Pako

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And yes, that’s me when I was 22 years old… ūüėČ

Recuerdos Surcanos

Plaza_de_SurcoMi bar¬≠rio siem¬≠pre ha sido antiguo. El valle de Surco ya estaba poblado cuando a Pizarro se el ocur¬≠ri√≥ que el mejor sitio par a fun¬≠dar su cap¬≠i¬≠tal era a las oril¬≠las del r√≠o Rimac. Y debe haber tenido cierta predilec¬≠ci√≥n por el lugar, pues al pueblo le pusieron por nom¬≠bre San¬≠ti¬≠ago de Surco. Y con ello pro¬≠ce¬≠siones del aquel tipo cabal¬≠gando sobre un caballo blanco mar¬≠caron mis vaca¬≠ciones de invierno. Yo no s√© si ser√° cierto que llego hasta el Fin¬≠is¬≠terre en Gali¬≠cia anun¬≠ciando la doc¬≠t¬≠rina de un tal Jes√ļs y Cristo. Lo que le s√© recono¬≠cer es que gra¬≠cias a √©l, mi bar¬≠rio no sufri√≥ la misma suerte que Chor¬≠ril¬≠los y Bar¬≠ranco cuando el inva¬≠sor chileno iba rumbo a Lima.

Lo cierto es que mi bar­rio siem­pre ha sido lla­mado pueblo, y hasta el día de hoy sigue fun­cio­nando como tal. Con his­to­rias de pueblo que conoce todo el pueblo. Desde los que se creían ricos en el pasaje al lado de casa hasta a los que les decían pobres de al lado del cemente­rio. Hoy son todos igual que antes, pero más iguales.

Yo pasaba parte de mis tardes en el pasaje con los chicos de mi edad. Pero tam¬≠bi√©n iba al fondo de la casa de Nina a ver como un Zambo enorme mol√≠a ma√≠z para hacer tamales. Los mejores tamales que jam√°s he comido. All√≠ iba con Genaro. El t√≠o Genaro, que por arte de esas difer¬≠en¬≠cias de edades entre t√≠os y abue¬≠los, ten√≠a 6 meses menos que yo. Sino me escapaba con Pepe a pasear por el r√≠o Surco, atrav¬≠es¬≠ando las calles de tierra de Par¬≠que Alto, y nos col√°bamos a ver pas¬≠tar las pocas vacas en las tier¬≠ras de los Ugarelli. √Čpocas aque¬≠l¬≠las en que el pueblo de Surco resist√≠a todav√≠a a la urban¬≠izaci√≥n galopante.

Con Genaro siem¬≠pre nos vimos poco, a pesar de que viv√≠amos a solo 100 met¬≠ros de dis¬≠tan¬≠cia. El t√≠o Marcelo, padre de Genaro, era primo de mi abuelo. Cuando mi abuelo comenz√≥ con la con¬≠struc¬≠ci√≥n del edi¬≠fi¬≠cio en el que ter¬≠min√≥ viviendo toda la familia, le encarg√≥ al t√≠o¬†Marcelo el cuidado de las obras del primer piso, Y vivi√≥ en ese primer aparta¬≠mento durante var¬≠ios a√Īos. Eso debe haber sido antes que se casara con la t√≠a Margarita.

Pero su his¬≠to¬≠ria me comienza el d√≠a en que muri√≥. Alguien llego a casa cor¬≠riendo y, jade¬≠ando, dijo que el t√≠o Marcelo hab√≠a muerto en un acci¬≠dente. Sali√≥ de su casa con la moto y lle¬≠gando a la esquina der¬≠rap√≥. Un ‚ÄúVenegas-Parada‚ÄĚ que pasaba no lo vio ni a √©l, ni a la viuda y cua¬≠tro hijos que dej√≥ en el camino. Si bien no eran √©pocas de muchas vis¬≠i¬≠tas en casa (la sep¬≠a¬≠raci√≥n de mis padres sumi√≥ a mi madre en un ostracismo del que nunca ha salido) la t√≠a Margarita era amiga, y el mal momento las uni√≥ un poco m√°s. Es a par¬≠tir de ah√≠ que recuerdo haber fre¬≠cuen¬≠tado a Genaro: Car¬≠navales, luego comen¬≠zar el preesco¬≠lar, aunque √©l estaba en otra sala pues yo era mayor.

Pasamos buena parte de nues¬≠tras horas de juego a dis¬≠cu¬≠tir sobre el respeto que le deb√≠a el uno al otro. √Čl ale¬≠gaba su t√≠tulo de t√≠o y yo quer√≠a hacer valer la difer¬≠en¬≠cia de edad que jugaba en mi favor. Si bien esto nunca inter¬≠firi√≥ en nues¬≠tra amis¬≠tad, nunca logramos pon¬≠er¬≠nos de acuerdo. Genaro ten√≠a algo de espe¬≠cial, una especie de traviesa sen¬≠su¬≠al¬≠i¬≠dad con la que sab√≠a meterse a todo el mundo en el bol¬≠sillo. Sus ojos los recuerdo lumi¬≠nosos, tal ves verdes, y con largas pes¬≠ta√Īas. Su cabello era cas¬≠ta√Īo claro. Y flaco, por lo menos con relaci√≥n a mi. Tengo que recono¬≠cer que con sus 6 a√Īos era todo un seduc¬≠tor y, a veces, un poco c√≠nico.

Ser√≠a el a√Īo ‚Äô77 y esa navi¬≠dad, como siem¬≠pre, no esper√© hasta la media noche para recibir los rega¬≠los. No porque no crey¬≠era en Pap√° Noel, sino porque jam√°s hasta entonces hab√≠a resis¬≠tido despierto mas all√° de las 9 de la noche. La ma√Īana del 25 debo haber abierto con desgano los rega¬≠los que me tocaron (a mi jam√°s me ha entu¬≠si¬≠as¬≠mado la navi¬≠dad, es por culpa de ella que hasta el d√≠a de hoy no logro fes¬≠te¬≠jar cor¬≠rec¬≠ta¬≠mente mi cumplea√Īos tres d√≠as m√°s tarde‚Ķ) y de los que no me acuerdo porque fue para mi cumplea√Īos que la t√≠a Lucrecia me trajo ‚Äúel‚ÄĚ regalo: un carro, un Camaro vio¬≠leta, lleno de cal¬≠co¬≠man√≠as como los car¬≠ros de car¬≠reras. Y con un impre¬≠sio¬≠n¬≠ante motor plateado que sal√≠a fuera del cap√≥, y que me ha hecho cues¬≠tion¬≠arme hasta el d√≠a de hoy c√≥mo hac√≠a el con¬≠duc¬≠tor para ver por d√≥nde and¬≠aba. Ya hab√≠a visto el mismo auto como regalo para alguien m√°s el a√Īo ante¬≠rior, pero esa falta de orig¬≠i¬≠nal¬≠i¬≠dad me import√≥ poco: ahora el carro era TOTALMENTE para mi.

Jugu√© toda la ma√Īana sobre la alfom¬≠bra de la sala para no ensu¬≠cia¬≠rle las ruedas y a la tarde vino Genaro a bus¬≠carme para ir a jugar y fuimos a bus¬≠car al gordo Ricardo y a Josu√© a qui√©n su familia no se lo hab√≠a lle¬≠vado todav√≠a a Chile. Cam¬≠i¬≠namos pues hacia el esta¬≠dio para encon¬≠trarnos con ellos. Yo hab√≠a dejado mi Camaro sobre la cama de Genaro. Pero cuando volvi¬≠mos ya no estaba ah√≠. Busqu√© debajo de las camas, en el ropero, la cocina, la habitaci√≥n de la t√≠a Margarita‚Ķnadie lo hab√≠a visto y eso era bas¬≠tante dif√≠¬≠cil en una casa peque√Īa como en la que viv√≠an. Ya no recuerdo el argu¬≠mento que quisieron hac¬≠erme creer. La ver¬≠dad es que ese d√≠a se me rompi√≥ algo aden¬≠tro y las cosas nunca fueron iguales con mi t√≠o Genaro. Deje¬≠mos de ver¬≠nos tan seguido y sin raz√≥n aparente. Ni siquiera fui invi¬≠tado a su bau¬≠tizo, que por m√°s peque√Īo e √≠ntimo que fuera,¬†Teresa nos habr√≠a hecho un biz¬≠co¬≠cho delicioso.

Poco tiempo despu√©s de su bau¬≠tizo, alguien lleg√≥ a casa cor¬≠riendo y, jade¬≠ando, dijo que el t√≠o Genaro hab√≠a tenido un acci¬≠dente. Quer√≠a mostrar a un par de ami¬≠gos lo bien que sab√≠a hacer cabal¬≠lito con la bici, pero perdi√≥ el con¬≠trol del manubrio y con ello el equi¬≠lib¬≠rio de la bici¬≠cleta. El cami√≥n no lo vio ni a √©l ni a su madre y tres her¬≠manas que dej√≥ en el camino. Cuando llegu√© al velo¬≠rio, la t√≠a Mar¬≠garita estal¬≠laba nue¬≠va¬≠mente en l√°gri¬≠mas. Los comen¬≠tar¬≠ios de los pre¬≠sentes eran vari¬≠a¬≠dos. Por un lado la cr√≠tica a la t√≠a Mar¬≠garita, que no hab√≠a encon¬≠trado otra cosa para vestirse que un pan¬≠tal√≥n naranja y una chompa de col¬≠ores tam¬≠bi√©n bril¬≠lantes cuando deber√≠a estar de luto, como si el luto se lle¬≠vara solo en el vestido; por otro lado, el an√°li¬≠sis de la maldici√≥n gitana que pesaba sobre los varones de la familia que hab√≠an sido con¬≠de¬≠na¬≠dos a morir de forma tr√°g¬≠ica. As√≠, t√≠as vie¬≠jas sac¬≠aron a la luz la muerte de otros pri¬≠mos y t√≠os en los √ļlti¬≠mos a√Īos. Bru¬≠jer√≠a y celos de alguna amante despechada.

El t√≠o Genaro fue el primer muerto que vi. Llev¬≠aba puesta la camisa y los sig¬≠nos de su bautismo. Dejando de lado los tapones de algo¬≠d√≥n que lavaba en la nariz, nada hac√≠a pen¬≠sar que su sue√Īo fuese eterno. No recuerdo haber pen¬≠sado en nada espe¬≠cial en ese momento. Ni en nues¬≠tras cor¬≠rer√≠as, nue¬≠stros jue¬≠gos en el cole¬≠gio, ni nues¬≠tras acalo¬≠radas dis¬≠cu¬≠siones a prop√≥sito de nues¬≠tra difer¬≠en¬≠cia de edad. Ni siquiera en el Camaro. Solo me qued√© mirando sus ropas, su camisa tan blanca y la medal¬≠lita de oro que lavaba en el pecho.

Creo que nunca le per­doné lo del Camaro. Nunca tuve prueba real de que hubiera sido él. Mien­tras escribo esto busco alter­na­ti­vas. Sin embargo, todo el peso cae sobre él. Tal vez ahora recuerdo a Genaro  para per­don­arme el que jamás lo haya perdonado.